martes, 21 de mayo de 2019

MACUTILLO 2019 "PUEBLOS NEGROS"


RUTA POR LOS PUEBLOS NEGROS DE GUADALAJARA

1ª ETAPA: COGOLLUDO - ATIENZA

Mapa de la zona con los recorridos de las dos etapas


Quedaron disipadas las dudas de emprender la salida ante las más que predecibles condiciones climáticas adversas, gracias en parte a la firme llamada de Martinelli a no dejarse llevar por el espíritu del "hombre blandengue", expresión acuñada por El Fary, uno de los referentes filosóficos del pensamiento hispánico contemporáneo plasmado en las letras de sus canciones, siempre de alto valor intelectual.

Quien, sin embargo, quedó descolgado a ultimísima hora fue Malaño, que no pudo superar un cólico intestinal que no le permitió sumarse al grupo la misma mañana de la salida. Por tanto, la pareja procedente del Tomelloso, Bernard y Martinelli, junto a la de los alcazareños, Fontaine y Petrosian, completaron en esta ocasión el grupo de representantes del ICC para afrontar el último Macutillo de la década, antes de que se inicien los felices años veinte del siglo en curso.

La expedición de los cuatro ciclistas, con el apoyo del carrito tomellosero, partió sobre las 9:30 h. hacia Madrid por la A-4 y posteriormente por la A-2 hacia Guadalajara con posterior desvío en Humanes hasta alcanzar Cogolludo previa parada en Marchamalo, en las cercanías del Estadio de La Solana y llegada a las 12:15 al amplio aparcamiento de la Plaza Mayor con las vistas del imponente Palacio Ducal como fondo. Se trata de un palacio renacentista del siglo XV mandado construir por la familia Medinaceli.

Los ciclistas del ICC ante el Palacio Ducal de Cogolludo

El pedaleo comenzó a las 13 h. con un panorama frío y la amenaza de las nubes negras como fondo. No tardaron en convertirse en chubascos de escasa intensidad pero permanentes. Además, la incorrecta interpretación del mapa nos llevó hasta Arbancón, cuando el primer pueblo debía ser Veguillas. El error nos hizo avanzar en sentido contrario a la ruta del segundo día, pero dadas las condiciones, Bernard, en una inteligente maniobra de perspectiva, nos convenció de volver sobre nuestros pasos y retornar a Cogolludo para seguir después el camino más directo hacia Atienza.


Monumento al minero en Hiendelaencina

Lo dimos por bien empleado porque el panorama era sombrío y la orografía y kms. restantes habrían dado fin con nuestras reservas energéticas y quien sabe qué hora marcaría el reloj a nuestra llegada. Dejamos pues el escenario verde regado por el río Sorbe, por cuyo puente saltamos doblemente, para continuar hasta Hiendelaencina, rodeando el inmenso embalse de Alcorlo, pequeña localidad de tradición minera, curiosa plaza porticada y monumento a esa industria que floreció durante el siglo XIX, gracias al mineral de plata que fue explotado hasta su declive allá por 1918.

En Hiendelaencina repusimos fuerzas en el céntrico Bar Sabory, a cuyo frente se encontraba un polaco de rasgos woytilianos que nos autorizó a comer nuestros bocatas, al tiempo que los dueños, José y Julián, no solo lo aprobaron, sino que nos ofrecieron una cazuela de lentejas que recuperaban a cualquier desvanecido. Para remate nos sacaron unos pastelitos de nata caseros para chuparnos los dedos. Toda una muestra de hospitalidad nada fingida que nos invita a repetir la visita.

Recorrido por las calles de Atienza

Llegamos finalmente a Atienza a las 17:30 h. y nos dirigimos al Hostal El Mirador donde teníamos concertado el hospedaje. Quedaba apartado del centro pero con buenas vistas, ásperas toallas y un cobertizo para resguardar las bicis en un clima casi invernal. El recorrido por las callejas del pueblo, sus casas solariegas y blasonadas, además de la monumental iglesia de San Juan del Mercado o San Juan Bautista, hubiera sido más placentero de gozar de un ambiente algo más cálido. No obstante coincidimos en el valor del conjunto, quedamos admirados del interior del templo que goza de un retablo barroco de lo más impresionante, al pie del cual late un reloj de péndulo que dio pie a Giuliano a disertar sobre otra de sus aficiones a la reparación y montaje de estos artefactos de relojería, sin duda bellos, intemporales y dignos de su conservación.

Arcos y casas de piedra en un rincón de Atienza

Durante el recorrido por  el interior del templo tuvimos ocasión de ver a Martinelli arrodillado en uno de los confesionarios al tiempo que nos escenificaba otro de sus chistes sobre un despistado que pregunta al cura que a cómo vendían el Renault Clío. Las carcajadas resonaron en el mismísimo coro, cuyo acceso estaba bloqueado a los visitantes y no pudo ser objeto de remate de la visita, que resultó bastante ilustrativa.

Vista panorámica de Atienza

Desde allí iniciamos el triste casting de locales, con equivocación incluida, deambulando por las calles, atravesando el Arco de Arrebatacapas, al que le encontramos en la práctica todo el acierto de su denominación, además de la Plaza del Trigo, la Iglesia y Museo de la Trinidad, ambos cerrados, hasta dar con nuestros huesos en un cutre bareto regido por dos mujeres de origen sudamericano que atendían con más desidia que entusiasmo a una clientela foránea, desconcertada y escasamente exigente con su oferta gastronómica. Pero es lo que tienen el frío y el cansancio, que unidos te llevan al acomodo aunque sea en el local más inhóspito.

Después de tomar unos platos combinados sin pena ni gloria, retornamos a nuestro lugar de reposo para recuperar fuerzas ante la previsible dureza de la etapa que nos esperaba al día siguiente.

DATOS TÉCNICOS

ITINERARIO: COGOLLUDO - Arbancón - Muriel y regreso a Cogolludo - Veguillas - Congostrina - Hiendelaencina - Naharros - ATIENZA
DISTANCIA: 74, 2 Kms.
TIEMPO DE PEDALEO: 5 H 25'
VELOC. MEDIA: 14 k/h.
VELOC. MAX.: 61 k/h.
CALORIAS: 2445



2ª ETAPA: ATIENZA - COGOLLUDO

A las 9 h. del sábado bajamos al comedor de El Mirador donde nos esperaba un desayuno con tostadas recientes y un buen café con leche, al tiempo que capeábamos al impertinente turista y vecino de fonda que pretendía contarnos su pasado ciclista con la excusa de que le despertábamos sus recuerdos.

Salimos después de liberar las bicis del cobertizo y de contemplar el ondear de las banderas y la mies agitados por el fuerte viento del NO. No solo era un presagio cierto, sino que unido al mal estado del firme, el lógico cansancio del día anterior, hicieron mella como factores negativos añadidos para merma del ánimo y rendimiento de los ciclistas.

Pedaleando por La Huerce camino de más Pueblos Negros

Pasamos por unas microrreservas mineras con abundancia de mineral pizarroso para dar paso a una zona micológica en la que un grupo de aficionados, desplazados en un llamativo microbús violáceo, daban una batida en busca de los apreciados hongos. Se fueron sucediendo pequeños núcleos de población, que representan un ejemplo patente de la España vacía, que ahora tanto rédito electoral se pretende sacar de ella. Lo seguro es que muchos de estos lugares están siendo recuperados como segunda vivienda vacacional como casas rurales.

Al final de este tramo, penoso por las circunstancias referidas, pudimos ver la silueta en alto del castillo de Galve de Sorbe, construido en el siglo XV para los Zúñiga, cuya torre del homenaje está considerada como la más bella de todas las que se conservan en la provincia. Al girar, pasada la pequeña población, pudimos contemplar varios ganados vacunos pastando apaciblemente y notar como el viento se tornaba favorable a nuestra marcha para alivio del pedaleo que se vio apoyado por el potente meteoro.

En las cercanías de Valverde de los Arroyos

El firme también mejoraba en algunos tramos, pero el trazado se fue complicando con notables pendientes que nos iban introduciendo en la parte más montañosa. Así coronamos el Alto de Campanario (1.568 m.) antes de descender hasta Umbralejo, uno de los pueblos emblemáticos a visitar. Paramos brevemente en este entramado de casas negras restauradas mediante programas taller de los organismos oficiales y sede actual de campamentos escolares sin ningún otro atisbo de ocupación.

Plaza y fuente de Valverde de los Arroyos

Desde Umbralejo y por un terreno cada vez más escarpado, con el Pico Ocejón (2.046 m.) situado en la vertiente sur de la Sierra de Ayllón, en el horizonte, llegamos a Valverde de los Arroyos, punto de partida para los senderistas que desean ascender hasta la cima y lugar de encuentro para visitar las Chorreras de Despeñalagua, que no tuvimos ocasión de visitar por quedar fuera de nuestras posibilidades, aunque algunos ya las habíamos conocido en anteriores excursiones.


Muestra de los trazados deteriorados del recorrido

Repusimos fuerzas nuevamente en el céntrico bar de la población, donde nos volvimos a encontrar al vecino de gestas ciclistas que trató inútilmente de volver a darnos conversación. Nos fotografiamos, ahora sí, justo en el encuadre que sirvió de cartel del ICC para esta convocatoria y que así se llenaba de sentido ciclista. Se trataba ahora de llegar a Tamajón con suficientes reservas para afrontar el último tramo, que ya conocíamos de la etapa anterior y sabíamos de sus dificultades.

Panorama de Umbralejo

Paralelamente nos cruzamos dos desfiles motorizados en un escaso lapso. Por un lado, una caravana de motos escoltada por la Guardia Civil, para poner el contraste ruidoso, contaminante y temerario que suelen exhibir sus protagonistas en estos parajes y que Fontaine tanto detesta. Por otro, una sucesión de coches de alta gama y tuneados que desfilaban no sabemos con qué intención unos kms.
más delante.


Ante la Iglesia de Tamajón

Llegamos a Tamajón casi a las tres de la tarde y nos apostamos ante su espectacular Iglesia Románica de la Asunción, templo de origen románico en el siglo XIII y reformado con estilo renacentista en el XVI. Atravesamos la población sin mucha fe en encontrar el necesario acomodo para reponer fuerzas por última vez en la ruta pero, gracias a la aparición de una desenvuelta dama morena que nos aconsejó un par de establecimientos, nos dirigimos a la Casona de Tamara, un complejo turístico con un acogedor entorno arbolado y un bar restaurante que nos proporcionó los bocatas necesarios para el momento, mientras la referida dama-guía hizo acto de presencia para tomar un vino a escasos metros de nosotros, con el desparpajo y familiaridad de quien conoce sobradamente a los propietarios.

Restablecidos el ánimo y las calorías necesarias para el último esfuerzo, emprendimos la última subida hasta llegar cerca de Muriel y del Embalse de Beleña, que acumula gran nivel de agua, hasta alcanzar el punto más alto del ascenso, señalado con un cartel que reza "Sierras Altas de Guadalajara" y que marca el inicio del descenso, ya casi definitivo, hasta la meta de Cogolludo, no sin antes atravesar Arbancón, el lugar que nos llevó al error la tarde anterior.

Con el Honda CRV y el carrito en su lugar y orden esperados, nos cambiamos de indumentaria y tomamos un café en el mismo sitio de la partida, bajo los soportales de la Plaza y con el Palacio Ducal como testigo. A las 17 h. emprendimos el regreso por la misma ruta y antes de las 20 h. ya estábamos de feliz retorno en nuestras localidades de origen, con una nueva conquista en nuestro palmarés.

DATOS TÉCNICOS

ITINERARIO: ATIENZA -Condemios de Abajo - Condemios de Arriba - Galve de Sorbe - La Huerce - Umbralejo - Valverde de los Arroyos - Tamajón - Embalse de Beleña - Arbancón - COGOLLUDO.
DISTANCIA: 106,2  Kms.
TIEMPO DE PEDALEO: 5 h 28' 11''
VELOC. MEDIA: 19,4 k/h.
VELOC. MAX.: 62,2 k/h.
CALORIAS: 2.773
DESNIVEL POSITIVO: 1.773 m.




jueves, 28 de febrero de 2019

PEQUEÑO HOMENAJE A WALDO




El deportista que aparece en el centro de la imagen, con el torso desnudo y el sudor resbalando por su piel, es Waldo Machado da Silva, un futbolista brasileño que triunfó en el Valencia C. F. siendo uno de sus máximos goleadores históricos y Pichichi de la Liga Española de 1ª División en la temporada 1966-67. Procedía del Fluminense de Río de Janeiro en el que aún ostenta el récord como máximo goleador histórico de dicho Club.

La fotografía fue tomada en los vestuarios del Estadio S. Bernabéu tras la final de la Copa de España de 1967, que ganó el Valencia C. F. al Athletic Club de Bilbao por 2 - 1, y en ella aparece el mencionado jugador y a la izquierda, mi tío, el periodista de Manzanares Jolopca, su hijo Pepe, y delante aparezco junto a mi hermano Luis Miguel, todos testigos directos de aquella efeméride futbolística.

Fue el primer mito del fútbol al que pude saludar directamente y, desde entonces, conservo esta imagen como uno de los preciados iconos de mi patrimonio emocional. Waldo ha fallecido recientemente a la edad de 84 años en su Valencia adoptiva, donde residía aquejado de Alzheimer y gracias a una Asociación de ex futbolistas valencianos que le dieron cobijo. Sirvan estas líneas y este recuerdo como un sencillo homenaje a su figura.

Tributo a Waldo

Resumen 
Etiquetas: 
Artículo homenaje a Waldo, futbolista brasileño que dejó huella en el fútbol español durante los años 60.
Abstract
Keywords: Waldo, Valencia, Spain, Football, History
A tribute to Waldo, Brasilian footballer who left an indelible impression on Spanish football during the 1960’s.
Artículo
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Escribo estas líneas pocas fechas antes de que salga a la luz Cuadernos de Fútbol de Marzo. Precipitado por la premura de tiempo para su publicación, no debo dejar pasar la oportunidad de rendir tributo a la figura de un gran futbolista que se nos acaba de marchar: WALDO. Con decir su nombre, para todos los que ya peinamos canas, los pajarillos de la memoria comienzan a revolotear y a extraer de nosotros los mejores recuerdos de aquellos tiempos que ya no volverán.
Cada uno de los lectores tendrá su propia vivencia del delantero centro del Valencia durante aquellos años sesenta. En estos días se recordarán los datos estadísticos y la historia de los logros conseguidos por Waldo Machado Da Silva. No soy el más adecuado para detallarlos, pero, por parte del firmante de este artículo, decirles que todavía tengo muy presente la fecha de 2 de julio de 1967.
Aquel día se jugaba la Final de la Copa de España. La disputaban en el estadio Santiago Bernabéu, el Valencia y el Atlético de Bilbao. Fue un día de mucho calor, y desde Manzanares, con mi padre (José López Cava –Jolopca-) partimos para Madrid, pasando por Alcázar de San Juan, para unirnos a su cuñado Justo López Parra –mi tío Jaro- ex jugador del Real Madrid, Racing de Santander y Real Jaén, entre otros, y a mis primos Justo y Luis Miguel.
Por razones laborales, mi padre, que era representante de fútbol, se movía por el Santiago Bernabéu como por su casa. Su amistad con el Presidente, con Miguel Malbo, o con Miguel Muñoz, hacía todo mucho más fácil. Con los valencianistas le ligaban vínculos por muchas razones. Era íntimo del gerente Vicente Peris, así como del entrenador, Edmundo Suárez, Mundo. Por otra parte, mediante sus gestiones se habían llevado a cabo los traspasos al equipo de la capital del Turia, del portero Abelardo y el medio, Poli, que jugarían aquella tarde de titulares.
A media mañana, llegamos al hotel de concentración del Valencia, situado en el Escorial, desde donde se divisaba a lo lejos el Monasterio. En la puerta, nos estaba esperando el entrenador. Para los niños que éramos mis primos y yo, que conocíamos a los futbolistas a través de los cromos, de nuestros ojos fluían estrellitas de admiración. Allí estaban todas las figuras, entre ellas el brasileño Waldo, atleta, de imponente figura, esperando a disputar la final a partir de las ocho de la tarde.
El partido lo ganaron los valencianos por dos goles a uno, con goles de Jara y Paquito, consiguiendo Argoitia el del Atlético. El espectáculo que se formaba entonces convertía el encuentro en un gran acontecimiento; por aquellos años, con anterioridad a la final de los “mayores” se disputaba la de juveniles, lo que hacía todavía más vistosa la tarde de fútbol, junto con un desfile de banderas como antesala de la gran final para entretener “al respetable”, como se decía entonces para referirse al público asistente.
Acabó la final y accedimos al vestuario de los campeones de la mano de Mundo. El Valencia, aquel día, utilizó el que estaba situado a la izquierda, según se abandonaba el terreno de juego, al final del túnel. Recuerdo que en la parte donde se producía la bifurcación de las escaleras del equipo local y visitante, que daban acceso al campo de fútbol estaba situada la estatua de Alberto Machimbarrena y Sotero Aranguren, pero eso es otra historia. Allí estaban los futbolistas, dando rienda suelta a su alegría… Sol, Roberto, Guillot, Mestre…., Mundo eufórico, y nosotros encantados, como testigos de primera fila, de aquellos momentos de gloria.
Para la historia queda la fotografía de grupo que nos hicimos con Waldo, máximo goleador de la Liga aquella temporada, con la toalla asida de su cintura, apenas acabada la reconfortante ducha.
Qué fácil es escribir sobre recuerdos.
Descanse en Paz.