lunes, 5 de noviembre de 2018

XII SUBIDA AL ROBLEDILLO



COMO UNA VUELTA A LOS ORÍGENES



Aprovechando la prevista buena climatología y aproximando la fecha a ediciones anteriores, programamos esta salida ya clásica para el domingo 4 de noviembre, que era el final de un largo puente de Todos los Santos, lo que motivó diversas ausencias que enviaron sus excusas así como también el silencio administrativo de los Bikers Yayos que no se manifestaron. 

Juan Garrido ascendiendo El Robledillo
La realidad es que solo tres ciclistas respondimos a la propuesta y como si de las primeras ediciones se tratase, acordamos tácitamente realizar una ruta siguiendo el recorrido y paradas casi como en los inicios. La única diferencia estuvo en el punto de partida que fijamos en Retuerta del Bullaque para posteriormente subir el Robledillo, parar en San Pablo de los Montes y retornar por el Lanchar.

José Escelio en una de las curvas del Robledillo

Y la primera y grata sorpresa fue comprobar que Juan Garrido y José Escelio se animaban no solo a participar sino a hacerlo sobre la bici de carretera, que en ocasiones anteriores habían desestimado. Como el grupo era pequeño y estaba controlado, retrasamos la salida hasta las 8 horas acertadamente pues, pasado El Molinillo, una persistente niebla se adueñó del panorama y nos obligó a retrasar el  arranque desde Retuerta hasta que comprobamos que la visibilidad era suficiente como para evitar riesgos.

Justo con la niebla de fondo
Tras los primeros 5 kms. de rodaje, tomamos el desvío hacia El Robledillo y la subida se fue haciendo más dura pero bien acometida con un ritmo suave y cómodo para los tres ciclistas y numerosas paradas para tomar imágenes insólitas con nubes circundando los montes y un fondo gris de nebuloso decorado. El punto de encuentro en San Pablo estaba claro, la tradicional churrería del Asador Galán, en la que sus propietarios nos reconocen y tratan como parte de los acontecimientos anuales. Además del café, tomamos unos exquisitos cruasanes ante la falta de los típicos "cortadillos" de la localidad que se habían agotado los días previos.

Vacas pastando apaciblemente


Reanudamos la marcha y acometimos la subida y  bajada por el Puerto del Lanchar, cuya carretera se encuentra en un estado de deterioro importante pero que obliga, para bien del disfrute paisajístico,  a una marcha controlada y suave. Y realmente era para disfrutar porque con el cielo ya despejado, el verde inundando las dehesas, y las vacas y ovejas pastando apaciblemente en las laderas, todo invitaba a recrearse en tan natural como estimulante y gratuito espectáculo.

Bajada del Puerto del Lanchar

De vuelta a la población del Bullaque la niebla aún persistía a menor escala, pero para entonces todo estaba resuelto. Solo nos quedaba reponer fuerzas de la mano de Román, ese cocinero con aspecto de chef rural que acumula reconocimientos por sus especiales migas de pastor. Las probamos para gloria de nuestro paladar y las completamos con dos raciones de venado que no les fueron a la zaga. Fueron el colofón a una jornada tranquila, satisfactoria y plena de sabores.


DATOS TÉCNICOS:

DISTANCIA: 45 KMS.

TIEMPO: 2 H 19' 30''

VELOC. MEDIA: 19 K/H.

VELOC. MAX.: 60 K/H.

CALORÍAS: 715



viernes, 26 de octubre de 2018

IV RUTA CICLISTA SOLIDARIA



Por cuarta vez consecutiva he participado en esta ruta solidaria que, como se indica en el folleto explicativo, es un colofón del Cine Solidario como actividad arraigada de compromiso en proyectos de colaboración y ayuda a causas de zonas desfavorecidas. Este año, la principal novedad ha consistido en la compañía de mi nieto José durante el recorrido, dándole así un peculiar bautismo de fuego en la actividad ciclista que espero en lo sucesivo le quede grabado.



Y grabado le ha de quedar porque lo que para mí y cualquier otro adulto practicante de ciclismo es un breve paseo, acostumbrados a hacer decenas de kilómetros habitualmente, para un niño de tres años, aunque sea subido en el sillín delantero holandés que le permite ser protagonista de la conducción y vista del panorama, supone un esfuerzo considerable.



Así me lo manifestó a mitad del recorrido y eso que el viento soplaba entonces a favor. Conseguí entretenerlo y convencerlo de que había que llegar al río, aunque de vez en cuando insistía en regresar. Una vez allí se decepcionó al no haber agua ni peces, que son los elementos que forman parte del imaginario de cualquiera que oiga hablar de este accidente geográfico. Ni siquiera el animado grupo de personas conocidas, especialmente mi amigo Juan Barrilero, que le dieron conversación, lograron disuadirlo de su cansancio.



En vista de lo cual, previendo la lenta marcha de retorno con el grupo y la dificultad añadida de un viento en contra nada despreciable en intensidad, decidí salir en solitario lo más rápido posible. Me costó coger un buen ritmo por la subida constante en el Bernardillo, pasada la vega del Mamello, pero lo peor fue que a unos dos kms. de casa se quedó profundamente dormido y cabeceando sobre el manillar, por lo que me vi obligado a sujetarle la cabeza con una mano, mientras con la otra conducía la bicicleta y trataba de señalizar los giros lo mejor que podía. Una odisea con final feliz que José completó con un largo sueño en el sofá de casa.




miércoles, 10 de octubre de 2018

EL I.C.C. CIERRA LA TEMPORADA POR ALCARAZ


Como si de un calendario programado se tratara, los miembros posibles del ICC se dieron cita el pasado 9 de octubre para llevar a cabo la última cita antes del padrón invernal. Faltó Petrosian por motivos laborales y acudió Giuliano Martinelli aprovechando sus jornadas de descanso y dando así continuidad a su reintegración activa en el grupo.

Bernard repara un pequeño problema de ajuste

El primer encuentro de los componentes del equipo se produjo en Tomelloso donde se juntaron Bernard, Fontaine y Martinelli, quienes tras solucionar el primero un problema de ajuste de los cerrojos de la baca en su vehículo, partieron hacia La Solana para encontrarse con Malaño en la clásica plaza de Santa Ana, cerca del monumento al maestro zarzuelero Federico Romero, precisamente a escasos días de que La Rosa del Azafrán obra se represente en el célebre Festival de esta localidad.

Y no tardó Malaño en contagiarnos de ese espíritu, camino de Alcaraz, al interpretar de manera espontánea y a pelo varios de los pasajes de la obra que tiene memorizados para su puesta en escena cuando encuentra ocasión. Y no por desmerecerlo, pero como dicen que el canto atrae la lluvia, así sucedió a medida que nos acercábamos a las sierras albacetenses y nada más llegar al balneario de Benito cerca de Reolid, nos recibió una fina llovizna que nos anunciaba lo que nos podía esperar.

Primer paso por la localidad de Bienservida


Tras un café en la poco concurrida cafetería del complejo y un breve intercambio de palabras con los felices jubilados que por allí se dan cita, aprovechando que el tiempo mejoraba, partimos en dirección Jaén pasando por Villapalacios y tomando el cruce a la izquierda en dirección a Bienservida y más adelante comenzando la subida del Puerto de El Bellotar.  Subida que hicimos a un ritmo cómodo antes de que en el descenso las nubes comenzaran a descargar parte del agua acumulada.

La carretera se hizo peligrosa pese a su aspereza y hubo que extremar la precaución. Los ciclistas nos comenzamos a empapar tanto los que llevamos protección de chubasquero como los que no. Antes de llegar a Villaverde de Guadalimar y cuando habíamos completado 30 kms., decidimos no continuar con el recorrido previsto y retornar hacia el origen subiendo de nuevo El Bellotar por su cara más dura. La lluvia había cesado y el calentón del puerto nos hizo recuperar el tono muscular.

En la cima del Puerto El Bellotar


Llegados a Bienservida, Martinelli propuso hacer una parada para reponer fuerza teniendo en cuenta que la hora del almuerzo se nos había echado encima. Además quería sorprender a una compañera de trabajo, lugareña del pueblo enviándole un testimonio gráfico de nuestro paso. Paramos en el bar más céntrico que encontramos y tomamos unos bocadillos mientras nos recuperábamos del remojón.

Con el cuerpo alimentado pero la musculatura fría por el parón, volvimos por nuestros pasos hasta llegar de nuevo al balneario donde tomamos un reconfortante café, cambiados de ropa y listos para el retorno a nuestros orígenes al tiempo que comentábamos diversos asuntos en un clima de fluida conversación que ayudó a superar los tonos y malentendidos que surgen con el uso inapropiado de los foros virtuales. La temporada se cerraba oficialmente salvo alguna cita esporádica que vuelva a surgir.

Plácido café en el balneario de Benito


DATOS TÉCNICOS:
Itinerario: Balneario de Benito - Villapalacios - Cruce - Bienservida - Puerto El Bellotar y regreso.
Distancia recorrida: 60 kms.
Tiempo de pedaleo: 2 h 58' 21''
Velocidad media: 20kms/h.
Calorías gastadas: 1.286









miércoles, 19 de septiembre de 2018

MI PRIMERA Y QUIZÁ ÚNICA TITÁN DE LA MANCHA



La bicicleta es sufrimiento y gloria. Para quienes nos consideramos aficionados sin otro ánimo que cumplir retos al margen de los logros competitivos, la única satisfacción deriva de esa mezcla inexplicable de alcanzar metas que mejoren las propias posibilidades y más sabiendo que esta sociedad encumbra únicamente a quienes gozan de un talento, unas cualidades y un rendimiento que no está al alcance de la mayoría.



Mi participación en esta edición de la Titán de la Mancha como prueba MTB de ciclismo obedece al deseo de experimentar las sensaciones de una prueba equiparable a la que en otro momento también me llamó la atención, la Maratón Popular de Madrid que corrí el año 1989 y logré igualmente terminar con un discreto tiempo de 3 h 58'. Esta vez han sido 6 h 58' sobre una bicicleta de montaña y casi treinta años después.



Mi aventura contó con la complicidad de dos compañeros con los que previamente había pactado recorrer la ruta. Por un lado,  José Alcañiz, mi yerno y fiel acompañante durante todo el trayecto, ambos con el uniforme glorioso del I.C.C. y, por otro, Carlos Abengózar, amigo y maestro radiofónico que finalmente voló libremente en un subidón de positividad que le permitió alcanzar la llegada en 6 h 32', es decir, 26 minutos antes de sus compañeros de inicio, lo que le honra por su descaro y pundonor deportivo.



La salida en la Plaza de España a las 8 en punto de la mañana es todo un espectáculo de masa deportiva con los 1.200 participantes aglomerados en la estrechez de las carpas en la calzada y una fila en la que era difícil hacerse un hueco para no arrancar entre los más rezagados. El grupo se fue estirando a medida que pasábamos por las primeras calles y cuando cruzamos la N-420 a tomar el camino hacia Criptana era ya una larga serpiente visible por la polvareda.



El primer tapón se produjo donde yo preveía, dado que había hecho parte del recorrido en tramos parciales. Tomamos el camino del Pico hacia Criptana y al girar a la izquierda para subir hacia San Isidro por la zona del vertedero de residuos la cola de ciclistas parados era abrumadora. A las primeras rampas, de fuerte pendiente aunque breves, se unía la estrechez de paso. La mayoría de ese inmenso pelotón puso pie a tierra y se generó el bloqueo del paso. Yo lo había subido en fechas previas pero libre de obstáculos y ahora me vi obligado a parar como el resto para evitar otros males.



El siguiente paso por la zona de San Isidro, los pozos de Villalgordo y los molinos de Campo de Criptana  especialmente, fueron gratificantes porque el grupo ya iba estirado, conocíamos los pasos, había muchos conocidos que animaron a Jose y nuestras familias estaban apostadas en una de las calles próximas dándonos tempranos ánimos antes de abandonar la población por el polígono del Pozohondo.



La marcha hacia Alcázar se hizo frenética con el viento empujando como un amigo misterioso e invisible. Suele ser el aliado más agradecido por los ciclistas cuando sopla a favor y el más odiado cuando lo hace en contra. De nuevo hubo fluidez hasta que subimos al cerro de San Isidro de Alcázar donde hubo que sortear unas fuertes rampas entre los pinos que volvieron a provocar una situación similar a la ya comentada.



Desde allí tras el paso de la vega hasta Herencia salvando el canal y el cauce del río y entrando por el camino de San Cristóbal no tuvo apenas dificultad. Pero a partir del desvío hacia el primer paso por el Picazuelo y la senda de los molinos herencianos comenzaron los problemas y el sufrimiento. Las rampas se hacían exigentes y multitud de ciclistas no podían permanecer subidos, por lo que empezó un extenso reguero de gente empujando a duras penas su bicicleta entre cardos, piedras y abrojos.



En una de esas saludé a un conocido, Joserra, que se alegró de verme y me estrechó la mano. Esto le sirvió a otro que venía cerca para justificar que le habíamos roto el ritmo por saludarnos. Cualquier excusa es buena para justificarse. No obstante, le pedimos disculpas. Alcanzamos la cima de los molinos y emprendimos dos de los descensos más abruptos y peligrosos del recorrido. Yo solté los bloqueos de la amortiguación y, pese a ello, no sé cómo la bicicleta aguanta semejante tortura de botes,  rebotes de piedras y derrapes de tierra que aumentan la tensión irremediablemente.



Superado este episodio, camino de La Pedriza y de la Copa del Agua, donde repostamos en su fuente como conocedores de la misma, con Jose siempre atento a esperarme en mis retrasos, noté una sensación de exigencia respiratoria que me puso en guardia. Pese a no llevar el pulsómetro, pero conocedor por experiencia de mis alarmas, comprobé que no debía forzar en próximas subidas. Llegamos a Puerto Lápice rodando favorablemente. Pero después de un primer ascenso aceptable en la ladera de la sierra, volvimos en dirección al molino por otra intrincada pendiente que nos obligó de nuevo a poner pie a tierra y recuperar el aliento y el pulso adecuados.



El retorno hacia Herencia nuevamente lo hicimos atravesando un túnel bajo una calzada para evitar cruzar  la carretera nacional, pero se encontraba enlodado tras la últimas tormentas y no hubo forma de pasarlo sin chapotear por el lodazal y terminar de embadurnarnos. Por el áspero pedregal ascendente llegamos a la sierra de La Sevillana, cuyas rampas conocía bien y pasamos con relativa facilidad, incluso disfrutando en el descenso, que no es tan brusco como en los anteriores tramos.



Nada más retornar a las inmediaciones de Herencia, Jose me comunica que ha recibido un mensaje de Alba, mi hija, diciendo que Héctor ha sufrido un accidente y está en el hospital aunque fuera de peligro. Aún no se sabía el alcance de las lesiones. Por un lado, me pareció bien saberlo, pero eso aumentó de algún modo mi preocupación y me llevó a ser aún más prudente en los tramos que restaban. Jose iba bien y yo tiraba de fuerza mental, recordando que otras veces lo había pasado mal pero aguanté. Visionaba los calambres en el Marie Blanche de los Pirineos, la interminable subida al Alpe D'Huez o la llegada al Petit Saint Bernard entre aguanieve y frío en pleno mes de julio.



Sin embargo, el segundo paso por Herencia fue demoledor. Volver a subir la ladera de la sierra de los molinos antes de retornar por el camino del cementerio fue durísimo mientras avistábamos una larga fila de ciclistas nuevamente empujando a pie su bicicleta. Fue el rubicón de mi aventura y tomé la atrevida decisión de que ya nada me detendría. Si lograba bajar a la vega y atravesar el Gigüela, aún bajándome, la cosa estaba hecha. En ese último tramo el viento arreció y Jose hacia de parapeto en el que yo me refugiaba para desgastarme menos. El río lo salvamos poniendo pie a tierra y Jose hizo un tirabuzón inesperado que llevó sus huesos al suelo aunque sin consecuencias. Quizá fue una forma original de afrontar el cruce del cauce.

A la llegada a Alcázar por la vía de servicio ya llevábamos 102 kms., por lo que aún nos quedaban casi diez para rematar. Un joven exclamó:

- Pero que hago yo aquí penando, con lo bien que estaría en el bar viendo a mi Atleti.



Como nos temíamos aún había que superar otra fuerte subida, esta vez a los molinos alcazareños, que enfilamos por el camino asfaltado y desviándonos cerca del Campo de Tiro subimos hasta la cima donde estaba el último control de Cronomancha para certificar el rigor del recorrido. Bien puedo decir que me tentaba la idea de evadirlo y tomar el camino de bajada directamente, pero hubiera sido un acto de cobardía deportiva y una mancha en mi palmarés del que me habría lamentado posteriormente.



Descendimos las últimas y arriesgadas sendas desde la parte alta del cerro de San Antón y continuando por el puente sobre el ferrocarril y la calle del Porvenir fuimos a dar a la Avda. Pablo Iglesias ya en olor de triunfo por lo conseguido y tras pasar por el recinto ferial nos encaminamos  hasta la meta en la puerta de Correos mientras Rosi nos grababa enlazados por las manos en señal de cómplice compañerismo. Carlos se nos había esfumado hasta en la línea de meta y solo lo pude localizar mediante mensajería a posteriori.



Podría hacer un comentario crítico de todo lo positivo y negativo acaecido durante el desarrollo de la prueba, pero creo que no es mi papel poner en evidencia una compleja organización como es esta de la Titán de la Mancha que surgió como una quedada de amigos y está traspasando todas las previsiones. Tiempo y ocasión habrá. Lo que sí puedo decir es que pese a estar muy satisfecho por lo realizado, ni mi edad ni el tipo de ciclismo que en ella se practica, responde a mis futuras pretensiones. De ahí que quizá haya sido la primera pero también la última, como ya lo fue la Maratón de Madrid  en su momento.


 



miércoles, 29 de agosto de 2018

UN PUZZLE ESPECIAL

Todo dispuesto para el "puzzle"

Cuando vi el cuadro recién pintado de mi querida Ridley libre de todo componente y con la sola compañía de la horquilla delantera, igualmente decorada para su nueva versión, no pude menos que dudar de si Héctor sería capaz de componer ese puzzle tan especial de piezas que conforman finalmente una bicicleta.

El cuadro espera los componentes

Allí estaban todas sobre la mesa del patio. Unas liberadas y otras aún dentro de sus bolsas de plástico en las que las había enviado el proveedor por internet. Todo un mosaico de metales y plásticos esperando que una mano hábil y competente las supiera engarzar.

Con paciencia de orfebre, Héctor comenzó la tarea a media tarde y la dejó al anochecer en un primer envite de la empresa. Al día siguiente, retomó la labor y antes del mediodía había terminado. Ni un reproche que hacerle. La bicicleta estaba perfectamente ajustada. Ni sobró ni faltó ninguna pieza y para corroborarlo salió a dar una primera vuelta que pusiera el broche real a su obra.

Rematando la tarea

Sinceramente me parece un logro, que sin suponer nada del otro mundo, yo valoro especialmente al tratarse de alguien que no es profesional, que se vale de unas herramientas adecuadas pero básicas y que no recibe la ayuda de ningún experto que lo dirija. Me pide el ánimo felicitarlo sinceramente.

miércoles, 8 de agosto de 2018

ALBI Y MACIZO CENTRAL 2018




Por fin llegó el día de cumplir el objetivo, aplazado el año anterior por imperativos de salud, y conseguir el definitivo consenso de fechas para emprender la nueva aventura mezcla de ciclismo y turismo con la incorporación de las donnas como principal novedad en la salida internacional.

En la madrugada del 28 de julio se pusieron en marchas los componentes del ICC y sus parejas respectivas, desde Alcázar, Fontaine y Petrosian y, desde Valdepeñas, Malaño, para citarse en el Tomelloso con Bernard y completar las ocho plazas de los dos vehículos más el carrito, en los que transportarían todos los enseres necesarios para la expedición.

Esta vez con rigurosa puntualidad y antes de alumbrar el alba, la pequeña caravana surcaba la A-43 en dirección a la costa levantina y posteriormente a La Junquera como punto de conexión con el país francés, no sin antes hacer una parada, ya clásica, en el Área de La Plana para reponer fuerzas tras el madrugón y primera confusión en la salida por parte de un sector de expedicionarios.

Solventado el tema, Petrosian tuvo dificultades en el arranque del Honda CRV debido a sus sistema de star stop que obliga a pisar el embrague necesariamente. Fue un aviso del problema que acaecería posteriormente en suelo francés.
Área de La Junquera

La comida, al más puro estilo ICC tuvo lugar bajo los árboles de un Área de Servicio próxima a La Junquera. Despliegue de viandas particulares y cervezas para aligerar la creciente sed de las altas temperaturas que marcaban tendencia.


Con el sabor de la breve colación aún reciente nos adentramos en terreno fronterizo y aparece por primera vez el terrible bouchon motivado por arreglos en la trasnochada zona que se agrava después con el obligado peaje en la autoroute francesa.

Sin salir de estas esperas y cuando habíamos dejado atrás la fortificada Carcasonne, el humo de un incendio nos advierte de un nuevo bouchon inesperado y fortuito. Los bomberos están en plena faena cuando atravesamos la aún densa y opaca columna de humo.

Camping de Albirondack
No es el último susto de la travesía pues todavía antes de pasar cerca de Toulouse, un luminoso nos advierte de que hay un animal suelto en la calzada. Por fortuna no llegamos a cruzarnos con él y proseguimos nuestro recorrido ya sin incidentes hasta la ciudad de Albi, en cuyo camping Albirondack establecemos el primer campamento no sin antes esperar la llegada de los responsables para darnos entrada dada la hora intempestiva para los franceses de nuestra llegada a las 9 de la tarde.     

La falta de previsión del grupo alcazareño para abastecerse de víveres para la primera jornada completa nos obligó a buscarlos fuera del camping, mediante un paseo nocturno hasta el centro de la ciudad en la que en medio de una actuación musical logramos encontrar un sitio de tapas, al estilo español, y así salvar el preocupante ayuno nocturno.

Llegó la mañana del domingo y los cuatro ciclistas abordamos la primera etapa de las programadas desde las instalaciones del propio camping.
Salida del Camping de Albi

1ª ETAPA 

Domingo 29 de julio de 2018

ITINERARIO:

ALBI – Cambon – Villefranche D’Albigeois – Ambialet – St. Michel de L’Abadie – Valence D’Albigeois – St. Julien Gaulène -  ALBI



DISTANCIA: 71 kms.
TIEMPO: 3 h 22’ 47’’
VELOCIDAD MEDIA: 21 k/h.


Pese a ser domingo y una hora temprana, la salida de Albi hacia Cambon se hizo complicada por los numerosos cruces, rotondas y vehículos poco respetuosos que nos pasaban al límite la distancia aconsejable.

Poco después del paso por Cambon, nos adentramos en la Francia rural y profunda, con pequeños caminos asfaltados, escaso tráfico y un sube y baja de cuestas rodeados de un verde persistente pese al rigor del calor reinante.

Llegada a Ambialet
La llegada hasta la pequeña localidad de Ambialet y su magnífica panorámica desde la carretera nos alegró la vista y nos devolvió uno de los alicientes por los que merecen la pena este tipo de viajes. Bañada por el caudaloso Tarn, ofrece una perspectiva idílica con su castillo en lo alto y un puente para completar la imagen rodeados de vegetación y sombras abundantes.

También Petrosian tuvo la oportunidad de posar sobre uno de los cilindros de paja segados maquinalmente en una región donde abundan los pastos y el ganado para el que sirven de alimento. Hacía tiempo que no se encaramaba a ninguno de los iconos que salen a su encuentro espontáneamente en nuestro camino.

Cerca de St. Julien Gaulène
Cuando la etapa estaba mediada y el calor empezaba a apretar de lo lindo, llegamos a Valence d’Albigeois, una pequeña localidad en la que pudimos beber agua de su fuente pública y después tomar sendos café au lait tradicional, con sus terrones de azúcar, a la sombra de la terracita de un bar atendido por una simpática y amable camarera que nos atendió de maravilla.

El regreso hasta el camping de Albi fue una continuación de lo reflejado anteriormente en cuanto a paisaje y recorrido se refiere. Después del aseo correspondiente en las buenas instalaciones sanitarias del mismo, nuestras compañeras habían preparado la primera de las comidas en común a la sombra de los árboles.

Tras la siesta de rigor salimos al encuentro de la ciudad conscientes de su majestuosa oferta. Para ello tomamos la senda del río que parte del mismo camping y, sin perder la orilla, llega hasta las inmediaciones de la plaza central en un recorrido salpicado de vegetación y entre ella una pequeña plantación de cañas de bambú,  pequeños pasos y puentes y hasta unas grandes piedras que hay que sortear sobre el cauce para llegar a la salida.


Malaño tuvo la oportunidad de tomar la guitarra de dos jóvenes francesas y acompasar unos acordes para deleite de las mismas que se vieron sorprendidas por el artista inesperado. Tenía reciente su paso por Cognac y las melodías adaptadas para goce de los franceses. Y así terminamos tarareando el célebre “Tous les garçons et les filles” de Françoise Hardy.


La llegada al pie de los ladrillos rojizos de la catedral de Sta. Cecilia fue sobrecogedora al no esperarnos que semejante mole se despliegue en un espacio relativamente reducido. Se trata de la catedral más grande de ladrillo del mundo. Construida entre los siglos XV y XVI con pinturas sobre la bóveda, juicio final, coro y estatuas, reja y pantalla del coro con uno de los órganos clásicos más grandes de Francia.

Catedral de Sta. Cecilia
Precisamente tuvimos la suerte de presenciar en directo un concierto de órgano y trompeta cuyas resonancias serán difíciles de olvidar. Primero por la solemnidad de los sonidos en ese marco, segundo por lo abarrotado del templo en horas impropias para tal acto y, por último, por la buena temperatura que se vivía entre sus paredes para contrarrestar el agobiante calor externo.

La función musical acaparó el interés del grupo y pese a que muy cerca se encuentra el Palacio Berbie, sede entre otras salas, de la obra del pintor Henri Toulouse-Lautrec, la pronta clausura de las visitas en los horarios franceses nos obligó a posponer una visita añorada que ya no pudimos llevar a cabo. La tarde quedó completada con la fugaz visita a la Colegiata de Saint Salvy y un paseo sobre el grandioso Puente Viejo sobre el Tarn con elevados jardines muy cuidados.

De regreso al camping por la misma senda tuvimos la ocasión de hacer la primera cena colectiva, ya sin el agobiante sol que nos deparó la orientación de nuestras tiendas y para el que debíamos estar preparados como españoles, en opinión de la responsable de la instalación que así me lo hizo saber ante nuestras quejas. 











2ª ETAPA 

Lunes 30 de julio de 2018

ITINERARIO:

ALBI – Frejairoles – Fauch – Realmont -  ALBI



DISTANCIA: 56 kms.
TIEMPO: 2 h 31’ 00’
VELOCIDAD MEDIA: 22,3 k/h.

Un inesperado contratiempo se presentó al inicio de esta segunda jornada en el campamento. El Honda de Fontaine se había quedado sin batería por un negligente uso de la misma para recargar los móviles. Por más que se intentó la puesta en marcha al modo clásico del “empujón” y pese a la buena voluntad de algunos vecinos de aportar sus pinzas salvadoras, lo cierto es que finalmente fue la compañía de seguros la que puso remedio enviando a un mecánico competente y avezado, que dejó en entredicho los consejos del manual y en una maniobra certera puso en marcha el vehículo para tranquilidad de sus propietarios y del resto de la expedición que pudo así continuar con sus planes.

Bien es cierto que esta circunstancia adversa obligó a recargar la batería para consolidar sus prestaciones haciendo un recorrido por los alrededores. Esto fue aprovechado para que el grupo de donnas pudieran conocer el pintoresco pueblo de Ambialet llevadas por Fontaine, que hacía de guía y supervisaba de paso la recuperación del vehículo.


Al regreso de ciclistas y turistas le sucedió una sesión de baño en la piscina con el riguroso maillot tipo slip, prenda sin la cual no estaba permitido adentrase en la misma. Después, comida buscando otro hueco a la sombra y usurpando la parcela que no tardaría en ocupar una pintoresca pareja con tienda Quechúa y él con aspecto de un Bob Marley asilvestrado y rubio.

La tarde estaba reservada para la visita turística a la cercana localidad de Cordes sûr Ciel, magnífica por su patrimonio gótico con casas excepcionales bien conservadas así como numerosos museos artesanos y talleres de los oficios más nobles y tradicionales.

Cordes Sùr Ciel
Una de las visitas más curiosas fue la realizada a la casa de objetos de madera que se encuentran dispersos entre sus plantas y que llaman la atención por su rústica simplicidad. Aunque no pudimos  visitarlos en su interior también hay dos espacios singulares: el del arte del azúcar y el chocolate y la Casa del Surrealismo. No en vano es una de las poblaciones más visitadas de toda Francia y elegida como uno de los diez pueblos más bonitos de la nación.

Mirador en Cordes Sùr Ciel
Asomados a un espectacular mirador sobre la campiña cenamos en la plaza principal una formule típicamente francesa mientras la camarera inmortalizaba el momento y atendía solícita a nuestras demandas no siempre bien interpretadas a causa del idioma.


El regreso al camping marcó el final de la jornada que ya no tuvo mayor sobremesa dado el cansancio acumulado y la necesidad de reponer fuerzas para afrontar las siguientes etapas que serían las más exigentes desde el punto de vista de los ciclistas.


3ª ETAPA  

Martes 31 de julio de 2018

ITINERARIO:

RODEZ– Sebazac – Espalions – Estaing -  Montsalvy – La Feuillade en Vezie – Arpajon sûr Cère - Aurillac



DISTANCIA: 96 kms.
TIEMPO: 4 h 41’ 30’
VELOCIDAD MEDIA: 20,5 k/h.

Digamos que esta jornada fue la más completa en cuanto a la alternancia de vehículos, espacios y visitas. También la más dura debido a la planificación de unos tiempos que se vieron sobrepasados por el calor sofocante.

Levantamos el campamento de Albi y partimos en dirección a Rodez con la intención de visitar brevemente la ciudad y especialmente su catedral. Los coches debían quedar aparcados no lejos de nuestra supervisión y control dentro del entorno urbano de una gran ciudad.


Ante la Catedral de Rodez
La espléndida catedral de Nuestra Señora de los siglos XIII al XVI realizada en gres rosa, es una obra maestra del arte gótico y constituye el emblema de la ciudad. 

También el casco viejo de sus alrededores presenta numerosos atractivos como el palacio episcopal, las torres Corbiéres y Raynalde y las mansiones medievales y renacentistas.

Aprovechando uno de estos rincones cercanos a los vehículos, desplegamos los tradicionales bocadillos que elabora el Club y dimos pausa al apetito a hora propia del país anfitrión.

Los cuatro ciclistas de nuevo reunidos tomamos nuestras máquinas a eso de las dos de la tarde, cuando el calor hacía mella en el ambiente, con la comida y sus ingredientes reclamando agua y con un trazado peligroso al inicio además de exigente en cuanto  largas subidas y rápidos descensos que se sucedían.

Saliendo de Rodez
En Montsalvy, las donnas visitaban los encantos de la ciudad y nos proporcionaban un primer trago de agua fresca además de fotografiar nuestro paso.

La ruta se alejaba de la urbe en dirección a Espalion y Estaing al lado del río en uno de los tramos más agradables de pedalear de los recorridos. Esta última localidad fue una de las más atractivas por sus vistas de las visitadas. 

A partir de ese momento las condiciones climáticas fueron decisivas y el calor excesivo mermó fuerzas y nos puso a prueba de resistencia. Gracias al apoyo de las chicas que nos proporcionaron nuevamente agua fresca y abundante pudimos sobrellevar la situación y alcanzar finalmente Aurillac tras recorrer los 96 kms. de distancia entre ambas ciudades. Eran casi las 8 de la tarde. 

Reponiendo agua en Montsalvy
El camping L’Ombrade, de carácter municipal, nos acogió en sus estupendas instalaciones al borde del río Jordanne con amplias zonas verdes, escasa ocupación y sombra abundante así como unos servicios limpios y austeros.

Al cansancio normal de los ciclistas el Club respondió con una reparadora sopa de fideos para recargar hidratos y unas sabrosas sardinas enlatadas como complemento. Samaniego ilustró la sobremesa con sus picantes coplas mientras Fontaine las recitaba y se alumbraba con una pequeña lámpara de bicicleta ante la ausencia de luz ambiental. No hubo para más.

4ª ETAPA  

Miércoles 1 de agosto de 2018

ITINERARIO:

AURILLAC  –- Velzic – St, Cirgues de Jordanne – St. Julien de Jordanne – Pas de Peyrol y Puy Mary – Mandailles – St. Julien de Jordanne – Route des crêtes - AURILLAC



DISTANCIA: 76 kms.
TIEMPO: 4 h 06’ 09’’
VELOCIDAD MEDIA: 18,5 k/h.

Llegó por fin el día esperado para los ciclistas de enfrentarse al coloso más importante del Macizo Central, esto es el Pas de Peyrol cuya cima se encuentra a 1589 m. de altitud y sus 6 kms. tienen una pendiente media del 7 % aunque algunas rampas sobrepasan el 15 %.

Bernard camino del Pas de Petrol
El Pas de Peyrol pasa por ser la carretera de más altitud sobre el Macizo Central y culmina muy cerca del Puy Mary, considerado el más grande estratovolcán de Europa y a donde podemos acceder caminando en un trayecto a pie de apenas media hora desde nuestro objetivo.
Los dos últimos kilómetros del puerto se presentan realmente demoledores, con un kilómetro entero casi al 13 %, y picos del 15 %, habiendo conocido a ilustres ciclistas en coronar en cabeza su cima, en sus numerosas incursiones en el Tour de Francia. Así, nombres como Bahamontes, Van Impe, Chozas o Virenque contribuyen a dar lustre y renombre a esta ascensión.

En la salida un grupo de otros tres ciclistas se alternaba en adelantarnos o retrasarse según el perfil de la ruta. Especialmente combativo se mostró un ciclista con gorra que ofrecía un semblante de cierta agresividad especialmente cuando se descubrió la cabeza luciendo una calva integral. Ya lo llevaríamos como compañero de camino en numerosos tramos.

Petrosian y Malaño hacia Puy Mary
Al paso por la localidad de St. Julien de Jordanne nos fijamos en una casa que representa cabalmente el aprecio de los franceses por la cultura rural y agrícola que elevan a la categoría de arte señorial, considerando a sus cultivadores como auténticos privilegiados. Todo lo contrario de lo que suele suceder en España, donde la dedicación al campo es poco menos que una maldición histórica para sus protagonistas.


Todo es armónico en un entorno que le hace frente al avance del cemento para dar protagonismo a los materiales nobles y la vegetación de la zona.

Casa en St. Julien Jordanne
Sin forzar el ritmo propio en cada momento y ayudados por la gran cantidad de sombra durante el recorrido, realizamos la ascensión hasta la cima donde desaparece la vegetación, se multiplican los motoristas y aparecen multitud de senderistas que buscan como reto subir hasta e Puy Mary que se alza a escasos metros del Pas Peyrol como un apéndice del mismo.

Una vez llegados, nos hicimos las fotos de rigor al pie del cartel y tomamos un café entre la gran cantidad de turistas que se solazan en ese punto de encuentro como lugar de descanso o de espera de sus compañías.

llegada al Mas de Peyrol 1589 m.
El regreso tenía el aliciente del imponente descenso además de la modificación de la ruta dado el tiempo invertido y el compromiso de volver al camping a hora de compartir comida.

Tras el paso por St. Julien de Jordanne decidimos girar hacia la llamada Route des Crêtes, es decir, una sucesión de subidas y bajadas de gran amplitud y pendientes en algún momento considerables a lo que se une la panorámica del valle desde lo elevado de su ubicación.

El recorrido era casi paralelo y mejoraba el escaso tráfico de otros vehículos y nos recordaba el paso del Tour hace escaso tiempo con victoria del murciano Luis León Sánchez en esas latitudes.

Macizo Central y sus Crètes
Malaño mostró su arrepentimiento por encarar las nuevas y exigentes subidas además de sentenciar que seguiría el primer cartel que marcase la vuelta a Aurillac. Y así fue, el letrero indicaba la capital de la zona pero lo que no esperaba nuestro compañero es que las crêtes se sucederían de manera continua hasta las mismas calles de la población.

En poco más de cuatro horas ya estábamos de regreso en el camping de L’Ombrade donde se fraguaba el menú estrella del Club: arroz con calamares en su tinta y, para completarlo, el lujo de una bandeja con variedad de quesos de la región de Cantal recién adquiridos en el mercado de la ciudad.

Almuerzo en L'Ombrade
Superada la hora de la siesta emprendimos viaje hacia otro de los objetivos turísticos de la salida, la localidad de Beaulieu sûr Dordogne, ciudad medieval nacida de un pueblo de pescadores con puerto fluvial, calles estrechas y casas con entramado de madera. Como edificio notable se encuentra la abadía de Saint Pierre, una obra maestra del arte románico cuyo pórtico nos impresionó nada más acercarnos a sus inmediaciones y con un interior que no desmerece y en el que destacan el tímpano y su rico tesoro con la Virgen y el Niño del siglo XII.

Beaulieu Sur Dordogne

El remate a esta espectacular jornada lo hicimos en la cena de despedida en plena plaza principal de la población que ya estaba llena de comensales antes de las ocho de la tarde , como es habitual en los horarios franceses. Además junto a nuestra extensa mesa quedaban los instrumentos en espera de un grupo musical. Esto hacía presagiar su inminente actuación. Mientras tanto, en una de las esquinas, un músico callejero dejaba escapar sus notas con canciones clásicas y conocidas sabiendo que su sonido quedaría anulado por el del grupo irremediablemente.

Una camarera poco avezada tomó nota de las demandas sin contrastar la petición y tuvo que devolver dos de las ensaladas y dejar a Pepy en espera de su menú cuando el resto habíamos casi finalizado. Fue la nota discordante de una despedida acorde con el marco, la velada y la jornada en general, que resultará difícilmente olvidable.

Cena en Beaulieu Sùr Dordogne
El grupo musical seguía interpretando sus temas, especialmente los popularizados por la mítica Janis Joplin, con la consiguiente dificultad de la imitación.

Grupo musical en la cena
Nosotros salimos de camino en busca de los vehículos para retomar el camino de vuelta al camping de Aurillac. Y si en la ida Bernard esquivó a un motorista de los que pilotan usando la carretera, en este de regreso, entre ambos vehículos acabamos con un zorro en dos tiempos, al cruzarse deslumbrado en medio de la carretera.

Finalmente llegamos a la ciudad para dar por terminada la jornada y aún hubo tiempo de despedirla con uno de los actos sociales nocturnos que veníamos consolidando en el Club. Se trata de compartir un pastis servido en vaso de agua y acompañado de glaçons de hielo. Lo que en España sería una paloma refresescante para tiempos de mucho calor.

A la mañana siguiente partimos desde las instalaciones del camping de Aurillac para recorrer el camino de regreso vía Beziers y Narbonne. Paramos en el ya familiar Casa Pepe, cerca de Figueras, a degustar cocina catalana y terminamos la inacabable tirada de 1.215 kms., no sin antes tomar un tentempié sobre los breves huecos que las bicis dejan sobre el carrito en medio de un Área de servicio ocupada por inmigrantes magrebíes en su mayoría que realizan su aún más extensa travesía hacia sus hogares, pero válido para aplacar el apetito de esas interminables sesiones.

El carrito y sus prestaciones
Aún tuvimos un nuevo despiste al necesitar recargar el combustible y desviarnos de la ruta principal por la A-3 en dirección a Motilla de Palancar cuya gasolinera de 24 horas localizada en los móviles era la única esperanza cercana para repostar, como así lo hicimos en medio del silencio de la noche solo roto por los rezos que emitía un altavoz radiofónico, posiblemente de Radio María que desplegaba su repertorio a un auditorio inexistente.

Saturados de coche y muy cansados, pero felices por haber completado una nueva aventura en la que el ICC ha vuelto a reincorporar al grupo femenino y en la que pese a los desajustes que genera cualquier convivencia entre humanos, podemos presumir de haber conseguido un ambiente de tolerancia y respeto que nos ha permitido superar las siempre naturales discrepancias, llegábamos a nuestro destino en el Tomelloso a las cuatro de la madrugada y luego a los demás en la siguiente hora. 

¡Todo un éxito!