martes, 21 de mayo de 2019

MACUTILLO 2019 "PUEBLOS NEGROS"


RUTA POR LOS PUEBLOS NEGROS DE GUADALAJARA

1ª ETAPA: COGOLLUDO - ATIENZA

Mapa de la zona con los recorridos de las dos etapas


Quedaron disipadas las dudas de emprender la salida ante las más que predecibles condiciones climáticas adversas, gracias en parte a la firme llamada de Martinelli a no dejarse llevar por el espíritu del "hombre blandengue", expresión acuñada por El Fary, uno de los referentes filosóficos del pensamiento hispánico contemporáneo plasmado en las letras de sus canciones, siempre de alto valor intelectual.

Quien, sin embargo, quedó descolgado a ultimísima hora fue Malaño, que no pudo superar un cólico intestinal que no le permitió sumarse al grupo la misma mañana de la salida. Por tanto, la pareja procedente del Tomelloso, Bernard y Martinelli, junto a la de los alcazareños, Fontaine y Petrosian, completaron en esta ocasión el grupo de representantes del ICC para afrontar el último Macutillo de la década, antes de que se inicien los felices años veinte del siglo en curso.

La expedición de los cuatro ciclistas, con el apoyo del carrito tomellosero, partió sobre las 9:30 h. hacia Madrid por la A-4 y posteriormente por la A-2 hacia Guadalajara con posterior desvío en Humanes hasta alcanzar Cogolludo previa parada en Marchamalo, en las cercanías del Estadio de La Solana y llegada a las 12:15 al amplio aparcamiento de la Plaza Mayor con las vistas del imponente Palacio Ducal como fondo. Se trata de un palacio renacentista del siglo XV mandado construir por la familia Medinaceli.

Los ciclistas del ICC ante el Palacio Ducal de Cogolludo

El pedaleo comenzó a las 13 h. con un panorama frío y la amenaza de las nubes negras como fondo. No tardaron en convertirse en chubascos de escasa intensidad pero permanentes. Además, la incorrecta interpretación del mapa nos llevó hasta Arbancón, cuando el primer pueblo debía ser Veguillas. El error nos hizo avanzar en sentido contrario a la ruta del segundo día, pero dadas las condiciones, Bernard, en una inteligente maniobra de perspectiva, nos convenció de volver sobre nuestros pasos y retornar a Cogolludo para seguir después el camino más directo hacia Atienza.


Monumento al minero en Hiendelaencina

Lo dimos por bien empleado porque el panorama era sombrío y la orografía y kms. restantes habrían dado fin con nuestras reservas energéticas y quien sabe qué hora marcaría el reloj a nuestra llegada. Dejamos pues el escenario verde regado por el río Sorbe, por cuyo puente saltamos doblemente, para continuar hasta Hiendelaencina, rodeando el inmenso embalse de Alcorlo, pequeña localidad de tradición minera, curiosa plaza porticada y monumento a esa industria que floreció durante el siglo XIX, gracias al mineral de plata que fue explotado hasta su declive allá por 1918.

En Hiendelaencina repusimos fuerzas en el céntrico Bar Sabory, a cuyo frente se encontraba un polaco de rasgos woytilianos que nos autorizó a comer nuestros bocatas, al tiempo que los dueños, José y Julián, no solo lo aprobaron, sino que nos ofrecieron una cazuela de lentejas que recuperaban a cualquier desvanecido. Para remate nos sacaron unos pastelitos de nata caseros para chuparnos los dedos. Toda una muestra de hospitalidad nada fingida que nos invita a repetir la visita.

Recorrido por las calles de Atienza

Llegamos finalmente a Atienza a las 17:30 h. y nos dirigimos al Hostal El Mirador donde teníamos concertado el hospedaje. Quedaba apartado del centro pero con buenas vistas, ásperas toallas y un cobertizo para resguardar las bicis en un clima casi invernal. El recorrido por las callejas del pueblo, sus casas solariegas y blasonadas, además de la monumental iglesia de San Juan del Mercado o San Juan Bautista, hubiera sido más placentero de gozar de un ambiente algo más cálido. No obstante coincidimos en el valor del conjunto, quedamos admirados del interior del templo que goza de un retablo barroco de lo más impresionante, al pie del cual late un reloj de péndulo que dio pie a Giuliano a disertar sobre otra de sus aficiones a la reparación y montaje de estos artefactos de relojería, sin duda bellos, intemporales y dignos de su conservación.

Arcos y casas de piedra en un rincón de Atienza

Durante el recorrido por  el interior del templo tuvimos ocasión de ver a Martinelli arrodillado en uno de los confesionarios al tiempo que nos escenificaba otro de sus chistes sobre un despistado que pregunta al cura que a cómo vendían el Renault Clío. Las carcajadas resonaron en el mismísimo coro, cuyo acceso estaba bloqueado a los visitantes y no pudo ser objeto de remate de la visita, que resultó bastante ilustrativa.

Vista panorámica de Atienza

Desde allí iniciamos el triste casting de locales, con equivocación incluida, deambulando por las calles, atravesando el Arco de Arrebatacapas, al que le encontramos en la práctica todo el acierto de su denominación, además de la Plaza del Trigo, la Iglesia y Museo de la Trinidad, ambos cerrados, hasta dar con nuestros huesos en un cutre bareto regido por dos mujeres de origen sudamericano que atendían con más desidia que entusiasmo a una clientela foránea, desconcertada y escasamente exigente con su oferta gastronómica. Pero es lo que tienen el frío y el cansancio, que unidos te llevan al acomodo aunque sea en el local más inhóspito.

Después de tomar unos platos combinados sin pena ni gloria, retornamos a nuestro lugar de reposo para recuperar fuerzas ante la previsible dureza de la etapa que nos esperaba al día siguiente.

DATOS TÉCNICOS

ITINERARIO: COGOLLUDO - Arbancón - Muriel y regreso a Cogolludo - Veguillas - Congostrina - Hiendelaencina - Naharros - ATIENZA
DISTANCIA: 74, 2 Kms.
TIEMPO DE PEDALEO: 5 H 25'
VELOC. MEDIA: 14 k/h.
VELOC. MAX.: 61 k/h.
CALORIAS: 2445



2ª ETAPA: ATIENZA - COGOLLUDO

A las 9 h. del sábado bajamos al comedor de El Mirador donde nos esperaba un desayuno con tostadas recientes y un buen café con leche, al tiempo que capeábamos al impertinente turista y vecino de fonda que pretendía contarnos su pasado ciclista con la excusa de que le despertábamos sus recuerdos.

Salimos después de liberar las bicis del cobertizo y de contemplar el ondear de las banderas y la mies agitados por el fuerte viento del NO. No solo era un presagio cierto, sino que unido al mal estado del firme, el lógico cansancio del día anterior, hicieron mella como factores negativos añadidos para merma del ánimo y rendimiento de los ciclistas.

Pedaleando por La Huerce camino de más Pueblos Negros

Pasamos por unas microrreservas mineras con abundancia de mineral pizarroso para dar paso a una zona micológica en la que un grupo de aficionados, desplazados en un llamativo microbús violáceo, daban una batida en busca de los apreciados hongos. Se fueron sucediendo pequeños núcleos de población, que representan un ejemplo patente de la España vacía, que ahora tanto rédito electoral se pretende sacar de ella. Lo seguro es que muchos de estos lugares están siendo recuperados como segunda vivienda vacacional como casas rurales.

Al final de este tramo, penoso por las circunstancias referidas, pudimos ver la silueta en alto del castillo de Galve de Sorbe, construido en el siglo XV para los Zúñiga, cuya torre del homenaje está considerada como la más bella de todas las que se conservan en la provincia. Al girar, pasada la pequeña población, pudimos contemplar varios ganados vacunos pastando apaciblemente y notar como el viento se tornaba favorable a nuestra marcha para alivio del pedaleo que se vio apoyado por el potente meteoro.

En las cercanías de Valverde de los Arroyos

El firme también mejoraba en algunos tramos, pero el trazado se fue complicando con notables pendientes que nos iban introduciendo en la parte más montañosa. Así coronamos el Alto de Campanario (1.568 m.) antes de descender hasta Umbralejo, uno de los pueblos emblemáticos a visitar. Paramos brevemente en este entramado de casas negras restauradas mediante programas taller de los organismos oficiales y sede actual de campamentos escolares sin ningún otro atisbo de ocupación.

Plaza y fuente de Valverde de los Arroyos

Desde Umbralejo y por un terreno cada vez más escarpado, con el Pico Ocejón (2.046 m.) situado en la vertiente sur de la Sierra de Ayllón, en el horizonte, llegamos a Valverde de los Arroyos, punto de partida para los senderistas que desean ascender hasta la cima y lugar de encuentro para visitar las Chorreras de Despeñalagua, que no tuvimos ocasión de visitar por quedar fuera de nuestras posibilidades, aunque algunos ya las habíamos conocido en anteriores excursiones.


Muestra de los trazados deteriorados del recorrido

Repusimos fuerzas nuevamente en el céntrico bar de la población, donde nos volvimos a encontrar al vecino de gestas ciclistas que trató inútilmente de volver a darnos conversación. Nos fotografiamos, ahora sí, justo en el encuadre que sirvió de cartel del ICC para esta convocatoria y que así se llenaba de sentido ciclista. Se trataba ahora de llegar a Tamajón con suficientes reservas para afrontar el último tramo, que ya conocíamos de la etapa anterior y sabíamos de sus dificultades.

Panorama de Umbralejo

Paralelamente nos cruzamos dos desfiles motorizados en un escaso lapso. Por un lado, una caravana de motos escoltada por la Guardia Civil, para poner el contraste ruidoso, contaminante y temerario que suelen exhibir sus protagonistas en estos parajes y que Fontaine tanto detesta. Por otro, una sucesión de coches de alta gama y tuneados que desfilaban no sabemos con qué intención unos kms.
más delante.


Ante la Iglesia de Tamajón

Llegamos a Tamajón casi a las tres de la tarde y nos apostamos ante su espectacular Iglesia Románica de la Asunción, templo de origen románico en el siglo XIII y reformado con estilo renacentista en el XVI. Atravesamos la población sin mucha fe en encontrar el necesario acomodo para reponer fuerzas por última vez en la ruta pero, gracias a la aparición de una desenvuelta dama morena que nos aconsejó un par de establecimientos, nos dirigimos a la Casona de Tamara, un complejo turístico con un acogedor entorno arbolado y un bar restaurante que nos proporcionó los bocatas necesarios para el momento, mientras la referida dama-guía hizo acto de presencia para tomar un vino a escasos metros de nosotros, con el desparpajo y familiaridad de quien conoce sobradamente a los propietarios.

Restablecidos el ánimo y las calorías necesarias para el último esfuerzo, emprendimos la última subida hasta llegar cerca de Muriel y del Embalse de Beleña, que acumula gran nivel de agua, hasta alcanzar el punto más alto del ascenso, señalado con un cartel que reza "Sierras Altas de Guadalajara" y que marca el inicio del descenso, ya casi definitivo, hasta la meta de Cogolludo, no sin antes atravesar Arbancón, el lugar que nos llevó al error la tarde anterior.

Con el Honda CRV y el carrito en su lugar y orden esperados, nos cambiamos de indumentaria y tomamos un café en el mismo sitio de la partida, bajo los soportales de la Plaza y con el Palacio Ducal como testigo. A las 17 h. emprendimos el regreso por la misma ruta y antes de las 20 h. ya estábamos de feliz retorno en nuestras localidades de origen, con una nueva conquista en nuestro palmarés.

DATOS TÉCNICOS

ITINERARIO: ATIENZA -Condemios de Abajo - Condemios de Arriba - Galve de Sorbe - La Huerce - Umbralejo - Valverde de los Arroyos - Tamajón - Embalse de Beleña - Arbancón - COGOLLUDO.
DISTANCIA: 106,2  Kms.
TIEMPO DE PEDALEO: 5 h 28' 11''
VELOC. MEDIA: 19,4 k/h.
VELOC. MAX.: 62,2 k/h.
CALORIAS: 2.773
DESNIVEL POSITIVO: 1.773 m.




jueves, 28 de febrero de 2019

PEQUEÑO HOMENAJE A WALDO




El deportista que aparece en el centro de la imagen, con el torso desnudo y el sudor resbalando por su piel, es Waldo Machado da Silva, un futbolista brasileño que triunfó en el Valencia C. F. siendo uno de sus máximos goleadores históricos y Pichichi de la Liga Española de 1ª División en la temporada 1966-67. Procedía del Fluminense de Río de Janeiro en el que aún ostenta el récord como máximo goleador histórico de dicho Club.

La fotografía fue tomada en los vestuarios del Estadio S. Bernabéu tras la final de la Copa de España de 1967, que ganó el Valencia C. F. al Athletic Club de Bilbao por 2 - 1, y en ella aparece el mencionado jugador y a la izquierda, mi tío, el periodista de Manzanares Jolopca, su hijo Pepe, y delante aparezco junto a mi hermano Luis Miguel, todos testigos directos de aquella efeméride futbolística.

Fue el primer mito del fútbol al que pude saludar directamente y, desde entonces, conservo esta imagen como uno de los preciados iconos de mi patrimonio emocional. Waldo ha fallecido recientemente a la edad de 84 años en su Valencia adoptiva, donde residía aquejado de Alzheimer y gracias a una Asociación de ex futbolistas valencianos que le dieron cobijo. Sirvan estas líneas y este recuerdo como un sencillo homenaje a su figura.

Tributo a Waldo

Resumen 
Etiquetas: 
Artículo homenaje a Waldo, futbolista brasileño que dejó huella en el fútbol español durante los años 60.
Abstract
Keywords: Waldo, Valencia, Spain, Football, History
A tribute to Waldo, Brasilian footballer who left an indelible impression on Spanish football during the 1960’s.
Artículo
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Escribo estas líneas pocas fechas antes de que salga a la luz Cuadernos de Fútbol de Marzo. Precipitado por la premura de tiempo para su publicación, no debo dejar pasar la oportunidad de rendir tributo a la figura de un gran futbolista que se nos acaba de marchar: WALDO. Con decir su nombre, para todos los que ya peinamos canas, los pajarillos de la memoria comienzan a revolotear y a extraer de nosotros los mejores recuerdos de aquellos tiempos que ya no volverán.
Cada uno de los lectores tendrá su propia vivencia del delantero centro del Valencia durante aquellos años sesenta. En estos días se recordarán los datos estadísticos y la historia de los logros conseguidos por Waldo Machado Da Silva. No soy el más adecuado para detallarlos, pero, por parte del firmante de este artículo, decirles que todavía tengo muy presente la fecha de 2 de julio de 1967.
Aquel día se jugaba la Final de la Copa de España. La disputaban en el estadio Santiago Bernabéu, el Valencia y el Atlético de Bilbao. Fue un día de mucho calor, y desde Manzanares, con mi padre (José López Cava –Jolopca-) partimos para Madrid, pasando por Alcázar de San Juan, para unirnos a su cuñado Justo López Parra –mi tío Jaro- ex jugador del Real Madrid, Racing de Santander y Real Jaén, entre otros, y a mis primos Justo y Luis Miguel.
Por razones laborales, mi padre, que era representante de fútbol, se movía por el Santiago Bernabéu como por su casa. Su amistad con el Presidente, con Miguel Malbo, o con Miguel Muñoz, hacía todo mucho más fácil. Con los valencianistas le ligaban vínculos por muchas razones. Era íntimo del gerente Vicente Peris, así como del entrenador, Edmundo Suárez, Mundo. Por otra parte, mediante sus gestiones se habían llevado a cabo los traspasos al equipo de la capital del Turia, del portero Abelardo y el medio, Poli, que jugarían aquella tarde de titulares.
A media mañana, llegamos al hotel de concentración del Valencia, situado en el Escorial, desde donde se divisaba a lo lejos el Monasterio. En la puerta, nos estaba esperando el entrenador. Para los niños que éramos mis primos y yo, que conocíamos a los futbolistas a través de los cromos, de nuestros ojos fluían estrellitas de admiración. Allí estaban todas las figuras, entre ellas el brasileño Waldo, atleta, de imponente figura, esperando a disputar la final a partir de las ocho de la tarde.
El partido lo ganaron los valencianos por dos goles a uno, con goles de Jara y Paquito, consiguiendo Argoitia el del Atlético. El espectáculo que se formaba entonces convertía el encuentro en un gran acontecimiento; por aquellos años, con anterioridad a la final de los “mayores” se disputaba la de juveniles, lo que hacía todavía más vistosa la tarde de fútbol, junto con un desfile de banderas como antesala de la gran final para entretener “al respetable”, como se decía entonces para referirse al público asistente.
Acabó la final y accedimos al vestuario de los campeones de la mano de Mundo. El Valencia, aquel día, utilizó el que estaba situado a la izquierda, según se abandonaba el terreno de juego, al final del túnel. Recuerdo que en la parte donde se producía la bifurcación de las escaleras del equipo local y visitante, que daban acceso al campo de fútbol estaba situada la estatua de Alberto Machimbarrena y Sotero Aranguren, pero eso es otra historia. Allí estaban los futbolistas, dando rienda suelta a su alegría… Sol, Roberto, Guillot, Mestre…., Mundo eufórico, y nosotros encantados, como testigos de primera fila, de aquellos momentos de gloria.
Para la historia queda la fotografía de grupo que nos hicimos con Waldo, máximo goleador de la Liga aquella temporada, con la toalla asida de su cintura, apenas acabada la reconfortante ducha.
Qué fácil es escribir sobre recuerdos.
Descanse en Paz.

lunes, 24 de diciembre de 2018

LA BLANCA, CONQUISTADA



Precisemos. La Blanca podría referirse a diversas denominaciones más o menos conocidas entre nosotros. Podría ser la tienda de moda del Paseo de la Estación de Alcázar, como bien apuntó "Purito"Barco con los primeros nervios de la salida, que le impedían acompañar con café algo de humo inhalado, como también podría ser una dosis de cocaína, una barra de tiza escolar o una mujer muy, pero que muy madridista..., sin embargo, la Blanca es el nombre de la laguna más alejada de Ruidera, que se convirtió en objetivo de los Biker Yayos en este señalado día de la lotería.

Preparando la salida
Y en esas estuvimos los seis bikers que emprendimos la marcha guiados, esta vez sí, por un auténtico GPS que Josemi llevaba instalado en la potencia de su bici y al que consultaba en repetidas ocasiones inclinando su cuerpo en un gesto aerodinámico poco frecuente en sus prácticas habituales. El inicio junto a la laguna del pueblo no tenía dudas ni dificultades, sobrepasamos una caravana aparcada en mitad del camino y el único factor indeseado era la densa niebla que ya nos venía acompañando en la carretera desde la salida.


Berna acariciando al mastín
Bernardino acariciaba a un gigantesco mastín antes de subirse a su bicicleta, comparando la mansedumbre del animal con la actual delantera del Real Madrid, y el resto partimos hacia el camino entre el frío, la niebla y las ganas de disfrutar de un paisaje especialmente atractivo. La ruta se convierte en una sucesión de postales a cual más sugerente. Piedras cubiertas de musgo, encinas, quejigos y sabinas jalonando un camino que ofrece todo tipo de alicientes, desde tramos amplios y lisos hasta sendas estrechas, subidas cortas y repentinas, bajadas con alguna dificultad por los obstáculos y todo ello con el fondo del agua de las pletóricas lagunas que se difuminaba con la persistente niebla.

Paramos a contemplar las primeras cascadas de agua y fotografiarnos ante las mismas en una imagen casi insólita para esta época. Juan Carlos puso los dedos donde debía y el retrato resultó completo, fiel y efímero, como todos. Superada la parte más conocida nos adentramos en una zona más alejada en la que los referentes más fiables eran los postes señalizadores de las rutas quijotescas y, naturalmente, el GPS de Josemi, que ahora consultaba cada vez con más frecuencia, con más dificultad por la niebla, por la pérdida de señales y porque, si no nos equivocamos, la salida no tiene gracia.  Pedro Peinado lo repetía sin cesar. Que estaba resultando todo demasiado fácil y eso no es bueno.

Con las cascadas al fondo
El punto culminante de la zona de despiste vino en torno a los 40 kms., cuando hicimos un giro a la izquierda que nos condujo a una zona con abundante maleza, suelo embarrado y una casa lejana en la que un perro de caza ejercía como guardián. El chucho ladró débilmente con nuestro primer paso, pero una vez que repetimos el recorrido las dos veces siguientes delante de sus barbas, ya ni se inmutó. ¡Habría que saber que estaría pensando si hubiera sido humano!


Alfredo pedalea junto al agua
Salvado el obstáculo y retomado con acierto el camino correcto, adivinamos al fondo de un escarpado terreno unas edificaciones rodeadas de cartelería, que nos desvelaban la cercanía de la Laguna Blanca, objetivo de la salida y punto para el retorno. La laguna ofrecía un aspecto fantasmal por la niebla que se mezclaba con la blancura del terreno que le otorga el nombre. Pude comprobar, en un cartel, que entre la flora habita la utricularia, una planta carnívora de agua dulce que posee trampas diminutas y se alimenta de pequeñísimas presas. Por un momento pensé en que podía ser devorado por dichas plantas y desaparecer sin que mis compañeros pudieran evitarlo. ¡Qué muerte tan épica y en un día tan señalado como el de la lotería!

Pedro ante la extraña acampada
Dejadas las ensoñaciones y retomada la ruta correcta, nos dirigimos hacia la margen derecha de las lagunas para continuar el recorrido por sitios diferentes. Atravesamos un rústico puente de maderas sueltas con escasa consistencia y una zona de acampada con tiendas de tinajas cortadas. Llegamos a la Laguna Conceja, donde ya hay chalets y muestras de civilización.  Y tras hacer el tramo de descenso más técnico y arriesgado, cruzamos el puente en la zona de San Pedro, donde ya nos esperaba el asfalto que no abandonaríamos hasta el final. Al llegar cerca de la Laguna Redondilla, una pareja con su cámara, fotografiaba a varias cabras montesas que nos miraban impasibles y altivas desde su atalaya entre los riscos.

El grupo ante la Laguna Blanca
En torno a las trece horas y treinta minutos estábamos en el punto de partida en nuestros coches, con las bicis embadurnadas, la niebla de pertinaz compañera sin querer dejarnos y con el sabor de boca agradable de que más allá de la vía de servicio de la autovía, aún quedan rutas que merecen la pena. Felices fiestas para todos los bikers, presentes y ausentes, y que el próximo año repitamos el mayor número posible de salidas.




Laguna Blanca y niebla






lunes, 10 de diciembre de 2018

EN LA INAUGURACIÓN DEL NUEVO PABELLÓN "VICENTE PANIAGUA"



El pasado lunes 3 de diciembre de 2018 tuvo lugar la inauguración oficial del nuevo pabellón multiusos "Vicente Paniagua" en Alcázar de San Juan, con la celebración de un partido internacional de Fútbol-Sala amistoso entre las selecciones nacionales de España y Serbia que acabó con la victoria de la primera por 3 goles a 1.

Antes del inicio del partido se procedió a desvelar una placa que deja constancia de la efeméride por parte de las autoridades regionales, provinciales y locales que asistieron junto a su séquito a este acto.


Hasta aquí todo bien.   

Lo sorprendente para muchos, entre los que me encuentro, fue que el personaje que le da nombre a este nuevo pabellón, quedó relegado casi como convidado de piedra, acompañando con su presencia a las autoridades pero sin recibir, al menos, el reconocimiento de esas 2.000 personas que llenábamos el recinto, no todas las cuales conocían su figura y trayectoria, como me puso de manifiesto uno de los jóvenes cercanos a mi asiento.

No podemos ignorar que Vicente Paniagua fue 8 veces internacional absoluto, 10 veces campeón de Liga, 9 veces campeón de la Copa de España, 3 veces campeón de Europa y 1 vez campeón del Mundo de Clubes, todo ello como jugador de baloncesto de la plantilla del Real Madrid, además de presidir la Federación de Baloncesto de Castilla la Mancha, de la que es presidente honorífico, entre otros muchos títulos y actividades.


Por todo ello ha merecido, por acuerdo unánime de la Corporación alcazareña en su momento, el título de Hijo Predilecto de Alcázar de San Juan y que el nuevo pabellón que acaba de inaugurarse lleve su nombre.

¿Tan difícil hubiera sido hacer un hueco en el descanso del partido y además de librarnos de la atronadora música ambiental, presentarlo brevemente al publico allí congregado, dando a conocer los logros más importantes de su carrera como deportista? 

Sigo sin encontrar una explicación convincente.




viernes, 7 de diciembre de 2018

LA RUTA DE LAS EQUIVOCACIONES, O CALERA O CARRETERA

Al fondo Alhambra 
Era la tercera vez que me unía a los Bikers yayos para hacer este recorrido,  que tiene su inicio en las inmediaciones de la presa de Peñarroya, así como su final en el mismo punto, aunque tampoco esta vez fue la vencida de recorrerla sin errores. Quiero decir que a falta de otros modernos instrumentos de orientación, seguimos utilizando la intuición, la memoria, el sol y el GPS de Josemi, cuyas siglas hay que entender como Gran Poder de Seguimiento, porque el resto seguimos imantados por su estela y lo seguimos aunque nos saque del camino y nos devuelva al mismo o nos desvíe unos kilómetros para indicarnos que nos hemos confundido y es conveniente volver.

Pedaleando entre encinares milenarios

Pero lo cierto es que así el recorrido tiene ese saborcillo aventurero de quien descubre el camino nuevamente aunque haya pasado por él varias veces. Y también, cómo no, que cada equivocación es un aprendizaje de una vía diferente para llegar al objetivo final. Como diría Pedro Peinado, que se lo pregunten al agricultor del tractor que nos ve todos los años por el mismo sitio perdidos y haciendo señales con los brazos de por dónde continuar.

Fachada de la Quintería
del Telegrafista


Pero al final la ruta y sus encantos compensa pese a las equivocaciones. Atravesamos una zona de encinares de las que van quedando pocas. Recorremos un terreno accidentado pero ciclable, sin grandes subidas ni descensos arriesgados, lo que permite un disfrute diferente y romper con la monótona y repetitiva cadencia de los caminos cercanos o la aún menos atrevida vía de servicio de la Autovía de los Viñedos, auténtica pesadilla para las jornadas húmedas. 

Ante el templete romano


Y en la Calera podemos contemplar la Quintería del Telegrafista y trasladarnos casi al siglo XIX, en Alhambra subir por cualquiera de sus empinadas calles hasta la plaza y coronarnos emperadores en su templete romano, en El Lobillo disfrutar de la paz de su plaza y sus callejuelas sin agobios de tráfico ni contaminación y en Peñarroya comprobar si sube o no el nivel de la presa tras los deshielos. Todo ello en un recorrido en el que saltan las perdices a nuestro paso y en el que los cazadores se encuentran apostados en algunos puntos, escopeta en mano y sillas playeras para los descansos. ¡Ya tengo ganas de volver a repetirla!




En el centro urbano de El Lobillo




Detalle de la finca El Lobill

miércoles, 5 de diciembre de 2018

VISITA A LA CATEDRAL


ESTADIO DE SAN MAMÉS. 25 DE NOVIEMBRE DE 2018. ATHLETIC CLUB 1 - 1 GETAFE

Panorámica del nuevo Estadio de San Mamés


Para los aficionados al fútbol, por encima de las pasiones partidistas por sus colores, siempre ha sido un reto satisfactorio, en muchos casos inalcanzable, conocer los principales templos de este deporte tan unido a la escenificación ambiental que ha influido en la consecución de muchos resultados y, por consiguiente, en el crecimiento y la trayectoria histórica de los clubes propietarios de los mismos.

El grupo con Manolo Delgado
Pero si hay uno en España que representa una tradición especial este es el Athletic Club de Bilbao y su emblemático campo de San Mamés,  la Catedral del fútbol, recientemente reconstruido sobre los terrenos del anterior, aunque con distinta orientación, amparado por la Casa de la Misericordia y la Escuela de Ingenieros de la Universidad del País Vasco, con quienes comparte propiedad y vecindario.

Como dice mi primo Pedro, hay que afrontar las tareas proponiéndose proyectos como hacen los ingenieros. Y eso es lo que tratamos de conseguir desde hacía casi dos años: buscar una fecha adecuada, un partido asequible y un horario que permitiera el retorno sin complicar la situación laboral de los los expedicionarios. Después de un primer intento la pasada temporada, desbaratado por esos imprevisibles y desconcertantes horarios que impone la Liga de Fútbol, encontramos hace escasos meses las condiciones idóneas para la ejecución del plan: rival, el Getafe, hora, 12 del mediodía, día, domingo 25 de noviembre de 2018.
Justo y Pedro en las gradas


Había que aprovechar dos resortes fundamentales. Por un lado, la experiencia de Pedro en el conocimiento del ambiente gastronómico peculiar de la ciudad, dados sus años como integrante de una empresa allí ubicada y sus continuas visitas de trabajo, lo que nos permitiría movernos con soltura para degustar una muestra de su magnífica cocina. Por otro, acceder al partido de la mano de un embajador manchego que es toda una institución en el Athletic Club y, por extensión, en Bilbao, Manolo Delgado.

En el Hotel Carlton con Manolo Delgado
Después de un rápido y satisfactorio viaje, alojados por un favorable azar en el clásico y magnífico Hotel Carlton en la misma Plaza de Federico Moyúa, dimos cuenta de una ronda de poteo como allí le llaman, en una serie de lugares como El Globo, El Iruña y alguno más de la calle Ledesma, antes de dedicar la tarde al paseo por la zona céntrica, siempre recomendable pese a ser conocida por nosotros y así llegar a la hora de la cena que teníamos apalabrada en Casa Rufo, un exjugador de fútbol, que regenta un peculiar negocio gastronómico en una restaurada tienda de ultramarinos que me recordó la que regentó mi padre en la esquina de la Castelar alcazareña durante varias décadas. La cena no defraudó, especialmente la típica chuleta a la brasa que regamos con un imponente Remelluri riojano. La Antigua Cigarrería se encargó de recordarnos lo que supone la marcha nocturna y lo desentrenados que estamos para ella.

Casa Rufo
Llegó la mañana del partido y Manolo se presentó en el Hotel para hacer de embajador hacia San Mamés mientras nos daba una lección de recuerdos anecdóticos sobre el fútbol bilbaíno y nos demostraba su puesta al día en la actualidad futbolística en todas las categorías, lo que le permite colaborar en algunos medios de comunicación con conocimiento de causa. ¡Un fenómeno!

Comparsa de Zanpantzar o Joaldum
En la puerta 25 de San Mamés tuvimos un sabroso rato de espera mientras sonaba la trikitixa de Kepa Junquera, al que después conoceríamos por su amistad con el propio Manolo, el desfile de una comparsa de Zanpantzar, denominados Joaldunak, que visten enaguas de puntillas, abarcas, chalecos de oveja por hombros y cintura, pañuelos de colores, en este caso rojiblancos, al cuello, gorros cónicos con cintas, hisopos de cola de caballo, y un par de cencerros de gran tamaño sujetos a los riñones. Estos cencerros deben sonar al unísono al andar todos los integrantes del grupo al compás.

El paso creciente de aficionados envueltos en sus colores, entre los que reconocimos a Aitor Ocio, con magnífico aspecto de forma física y a Gaínza Jr., hijo del mítico extremo de los años 40-50 del pasado siglo, con el que tuve ocasión de recordar el primer triunfo del Racing de Santander en el histórico campo bilbaíno por un gol a cero y un marcaje excelente de mi padre, Jaro, al propio Piru Gaínza el 3 de febrero de 1952. Encuentro emocionante, sin duda, para enmarcar en mi memoria como aficionado.


Jaro Jr. y Gaínza Jr.
"Piru" Gaínza y El Jaro


La entrada al recinto de juego fue de lo más gratificante, porque la primera impresión es la de un estadio estéticamente armonioso y bello, con predominio del rojo, muy cómodo visualmente para los espectadores y a salvo de la lluvia con su gigantesca y bien planteada techumbre. A eso se fueron uniendo los cantos a capela tradicionales de ánimo al equipo: ¡¡ Athletiiiiii !!! que son coreados y completados por todo el campo en una singular mezcla de onomatopeyas y euskera.

Lástima que en lo futbolístico el equipo esté atenazado y preso de la ansiedad clasificatoria que le hace no dar el máximo de sus posibilidades y le obliga a conceder espacios que aprovechan sus rivales cuando huelen esta debilidad. Es verdad que pudieron ganar, aunque también perder si el Getafe hubiera aprovechado sus oportunidades, por lo que el resultado final de empate a un gol puede darse como bueno para ambas partes.

A la salida el público manifestaba con su silencio la preocupación con la marcha del equipo. Manolo y Kepa nos despidieron en el punto acordado y nuestro paisano siguió con su periplo futbolístico camino de Baracaldo para ver a su Bilbao Athletic esa misma tarde.

Nosotros nos despedimos de San Mamés y de la ciudad recorriendo la emblemática calle Poza para degustar los últimos pintxos en el bar Indusi y salir raudos hacia Madrid y posteriormente Alcázar, dando por finalizadas unas apasionantes jornadas.


   

lunes, 5 de noviembre de 2018

XII SUBIDA AL ROBLEDILLO



COMO UNA VUELTA A LOS ORÍGENES



Aprovechando la prevista buena climatología y aproximando la fecha a ediciones anteriores, programamos esta salida ya clásica para el domingo 4 de noviembre, que era el final de un largo puente de Todos los Santos, lo que motivó diversas ausencias que enviaron sus excusas así como también el silencio administrativo de los Bikers Yayos que no se manifestaron. 

Juan Garrido ascendiendo El Robledillo
La realidad es que solo tres ciclistas respondimos a la propuesta y como si de las primeras ediciones se tratase, acordamos tácitamente realizar una ruta siguiendo el recorrido y paradas casi como en los inicios. La única diferencia estuvo en el punto de partida que fijamos en Retuerta del Bullaque para posteriormente subir el Robledillo, parar en San Pablo de los Montes y retornar por el Lanchar.

José Escelio en una de las curvas del Robledillo

Y la primera y grata sorpresa fue comprobar que Juan Garrido y José Escelio se animaban no solo a participar sino a hacerlo sobre la bici de carretera, que en ocasiones anteriores habían desestimado. Como el grupo era pequeño y estaba controlado, retrasamos la salida hasta las 8 horas acertadamente pues, pasado El Molinillo, una persistente niebla se adueñó del panorama y nos obligó a retrasar el  arranque desde Retuerta hasta que comprobamos que la visibilidad era suficiente como para evitar riesgos.

Justo con la niebla de fondo
Tras los primeros 5 kms. de rodaje, tomamos el desvío hacia El Robledillo y la subida se fue haciendo más dura pero bien acometida con un ritmo suave y cómodo para los tres ciclistas y numerosas paradas para tomar imágenes insólitas con nubes circundando los montes y un fondo gris de nebuloso decorado. El punto de encuentro en San Pablo estaba claro, la tradicional churrería del Asador Galán, en la que sus propietarios nos reconocen y tratan como parte de los acontecimientos anuales. Además del café, tomamos unos exquisitos cruasanes ante la falta de los típicos "cortadillos" de la localidad que se habían agotado los días previos.

Vacas pastando apaciblemente


Reanudamos la marcha y acometimos la subida y  bajada por el Puerto del Lanchar, cuya carretera se encuentra en un estado de deterioro importante pero que obliga, para bien del disfrute paisajístico,  a una marcha controlada y suave. Y realmente era para disfrutar porque con el cielo ya despejado, el verde inundando las dehesas, y las vacas y ovejas pastando apaciblemente en las laderas, todo invitaba a recrearse en tan natural como estimulante y gratuito espectáculo.

Bajada del Puerto del Lanchar

De vuelta a la población del Bullaque la niebla aún persistía a menor escala, pero para entonces todo estaba resuelto. Solo nos quedaba reponer fuerzas de la mano de Román, ese cocinero con aspecto de chef rural que acumula reconocimientos por sus especiales migas de pastor. Las probamos para gloria de nuestro paladar y las completamos con dos raciones de venado que no les fueron a la zaga. Fueron el colofón a una jornada tranquila, satisfactoria y plena de sabores.


DATOS TÉCNICOS:

DISTANCIA: 45 KMS.

TIEMPO: 2 H 19' 30''

VELOC. MEDIA: 19 K/H.

VELOC. MAX.: 60 K/H.

CALORÍAS: 715